quinta-feira, 14 de abril de 2011

Aforismo

Abortamento do amor.--- É mais agradável comer do que assimilar, porque a assimilação é um fenômeno obscuro e insensível. Por isso, o ser votado ao prazer único de comer (o que, na ordem psicológica, equivale à procura incessante do novo e à embriaguez da conquista) preocupa-se mais com a escolha dos alimentos do que em assegurar-se uma feliz digestão. A sede de "sensações" que nós temos é de tal natureza que preferimos o que lisonjeia exteriormente o paladar ao que se passa no nosso sangue e se incorpora obscuramente na nossa substância.

Fonte: "O olhar que se esquiva à luz" - Livraria Figueirinhas - Porto, 1957

terça-feira, 12 de abril de 2011

Le découpage chronologique

Lamentable et révoltant fait-divers: le suicide récent d'une jeune enseignante moralement et nerveusement épuisée par la turbulence et l'agressivité de ses grands élèves. Là-dessus, un journaliste fait remarquer que la torture abolie comme moyen d'investigation juridique, subsiste encore dans les écoles sous forme de l'élève bourreau et du professeur victime.

Le même journaliste voit avec raison la cause première de cette situation scandaleuse dans les lois sur la scolarité obligatoire. Des adolescents qui n'ont ni dons ni goût pour des études prolongées réagissent soit par l'ennui soit par la violence contre l'ingestion forcée de cette instruction indésirable et se vengent de cette brimade sur l'innocent professeur chargé d'appliquer des lois dont il n'est pas l'auteur.

Au nom de quels principes contraint-on des jeunes êtres à apprendre ce qu'ils n'ont aucune envie de savoir et que, à supposer qu'ils l'aient vaguement appris, ils s'empresseront d'oublier des qu'ils s'ébroueront hors de l'école?

De l'égalité démocratique? Passe encore pour l'enseignement strictement primaire (apprendre à lire, à écrire et à compter, comme on disait autrefois), mais au-delà le vieux système des bourses suffisait amplement à donner leurs chances aux meilleurs élèves. Je ne vois rien démocratique dans le fait d'imposer le gavage aux inappétents: le mot tyrannie convient mieux...

De la promotion sociale? Elle s'exerce plutôt à rebours, car en prolongeant la scolarité pour des adolescents mal doués pour les études abstraites, on fabrique à la chaîne des aigris et des révoltés qui perdent sur les deux tableaux: celui de la culture pour laquelle ils n'ont aucun intérêt profond et celui du travail manuel qu'ils n'ont pas appris assez tôt et qu'ils considèrent souvent comme un pisaller, sinon une déchéance.

J'avoue me sentir dans un monde à l'envers quand je vois l'aisance économique et la considération sociale dont jouissent les artisans de mon village (maçons, menuisiers, plombiers, etc.) tandis que leurs enfants traînent leur morosité turbulente sur les bancs d'une école surpeuplée d'où ils sortiront demain minuscules fonctionnaires, sinon chômeurs. De quel côté est la promotion et de quel côté le déclassement?

Peu importe au législateur: la durée de la scolarité est fixée pour tous une fois pour toutes.

De même, sauf exceptions qui deviennent de plus en plus rare, pour l'âge de la retraite. La hache chronologique s'abat indifféremment sur tous, depuis ceux qui, prématurément usés, restent accrochés à des fonctions qu'ils ne sont plus capables de remplir jusqu'à ceux dont les années n'ont pas altéré la puissance de travail et de création. D'où la présence de tant d'inaptes parmi les actifs et le rejet de tant de compétences dans le camp des inactifs. Ce n'est plus la valeur ou la non valeur d'un homme, c'est la date de sa naissance qui décide de son maintien ou de son élimination...

Ainsi, pour les jeunes comme pour les adultes, l'antique légende du lit de Procuste se mue en réalité: on ne mesure pas le temps à l'homme, on étire ou on raccourcit l'homme pour le mesurer au temps...

Je sais que le problème n'est pas simple, dans une société comme la nôtre, de plus en plus régie par les interventions des pouvoirs centraux et soumise à la loi des grands nombres. Les lois, par définition, sont faites pour tous. Peut-être faut-il déplorer qu'elles soient trop nombreuses (nous avons en France 10.000 lois entre nous et la liberté, disait Victor Hugo...) et surtout trop mal adaptées à la pluralité des individus et des groupes. La hache, dont nous parlions plus haut, gagnerait à être assortie de quelques antennes...

On parle beaucoup, dans les sphères officielles, de la qualité de la vie. J'estime que tout progrès dans ce sens implique une rigoureuse attention à la diversité et à la qualité des êtres,---ce qui exclut a priori le découpage uniforme de nos destinées en rondelles symétriques.

Fonte: Revista "Itinéraires" (Billets, 17 décembre 1976)

sexta-feira, 8 de abril de 2011

La conciencia del mal

En cuanto el hombre sabe que peca, hay algo en él que se queda enganchado a la verdad de Dios, y Dios puede cogerlo por ese desgarrón para llevarlo al cielo.
La conciencia del mal es la oportunidad, el germen del cielo en el alma culpable.

Extraído de "Para que Él reine" de Jean Ousset - Speiro, 1972

sábado, 26 de março de 2011

El culto y el desprecio del cuerpo

Es un tópico afirmar que nuestra civilización materialista se caracteriza por el olvido del alma y la exaltacíon del cuerpo. Pero también se puede sostener --- y los dos puntos de vista no se excluyen --- que el cuerpo nunca se ha visto tan despreciado ni maltratado como en las sociedades materialistas.

En um clima así, las relaciones entre hombre y cuerpo se deslizan desde el plano del ser al del tener: ya no son las del dueño con el servidor, sino las del usuario con la máquina. Y el hecho de que la máquina sea objeto de una especie de idolatría --- como se da muy a menudo en ciertos fervientes del automóvil --- no impide, sino que, muy al contrario, lleva a maltratarlo y a abusar de él.

De hecho, las necesidades de nuestro cuerpo --- y correlativamente nuestros deberes respecto de él --- se reducen a poca cosa: aire, una alimentación sana, un ejercicio moderado, un tiempo de reposo y de sueño.

En vez de esto, ¿qué hacen los materialistas? Tratan a este desgraciado cuerpo como a un vulgar instrumento de rendimiento, de placer y de vanidad.

De rendimiento. Lo sobrecargan con un trabajo excesivo (por ser el ganar dinero el nervio de la civilización utilitaria) y con una utilización del tiempo libre tan trepidante como el trabajo. "Mis vacaciones fueron lucrativas", me dijo uno de mis vecinos al volver, más cansado que al salir, de un largo circuito a través de Europa. "Tanto más lucrativas --- respondí --- cuanto más kilómetros ha devorado y más dinero ha gastado."

De placer. Digamos más bien de distracciones viciadas que no tienen casi ninguna relación con el sano placer de los sentidos. Se fuerza al cuerpo a comer cuando no tiene hambre, a beber cuando no tiene sed, a estar en vela cuando se cae de sueño; se le llena de humo cuando tiene necesidad de aire puro, etc. Sin hablar de los deportes violentos y desproporcionados a sus fuerzas, en los que el espíritu de imitación y de récord juega a contrapelo con las exiencias del equilibrio y de la expansión física. Ni de los artificios, inspirados por la sed de un placer sin respaldo y sin riesgos, que vienen a trastornar sus ritmos y sus funciones. Testigo de ello --- ¡signo de los tiempos! --- es la desmesurada importancia que han tomado los debates alrededor de la famosa "píldora" que, en unos años ha hecho gastar seguramente más saliva y más tinta que todas las discusiones teológicas de los siglos pasados.

De vanidad. Aquí la lista de los ejemplos es inagotable. Al cuerpo se le exhibe sin pudor como una mercancía en el escaparate. O bien se le martiriza para obedecer a modas absurdas. Pienso en las espectaculares muertes debidas a ciertas curas de adelgazamiento, en las piernas heladas (consecuencias de la minifalda en los países fríos), en los innumerables accidentes (insolaciones, traumas pulmonares o hepáticos) que son el precio del culto bárbaro e incondicional del bronceado.

¿Qué ocurre cuando cae enfermo el cuerpo a consecuencia de esos abusos? Immediatamente uno se descarga de toda responsabilidad confiándolo a especialistas apropriados; se le atiborra de drogas, se sigue con rigor un régimen, pero de una manera abstracta y "programada", como se obedece al modo de empleo de cualquier mecánica y en una completa ignorancia de "esos lazos tan tiernos y tan violentos" que, según Bossuet, unen el alma con el cuerpo. Y esa disciplina formal dispensa de practicar las viejas virtudes, infinitamente más sutiles y personales, que conciernen a la higiene y a la sobriedad. Aún los cuidados que restan (debido al hecho de que el cuerpo no es intercambiable) irán desapareciendo sin duda, a medida que el banco de órganos, que hoy sólo existe en estado embrionario, disponga de medios lo bastante poderosos como para darnos la salud en piezas sueltas.

Hacer todo esto es quizá adorar el cuerpo (como se adora la tarta de crema o el esquí acuático); lo cual no es, ciertamente, ni amarlo ni respetarlo.

¡Y he aquí a dónde nos conduce el materialismo! El olvido del alma entraña el desprecio del cuerpo. Se descuidan, en la medida en que se hace de él un ídolo, las atenciones elementales que se deben a un servidor.

En las antípodas de este clima de falsa exaltación y de verdadero desprecio, el Apóstol nos enseña que el cuerpo es el templo del Señor. Pero para saberlo y, sobre tudo, para vivirlo, hay que acordarse de que se tiene un alma y reconocer que hay un Dios.

Fonte: "El equilibrio y la armonía" - Belacqva, 2005

domingo, 27 de fevereiro de 2011

La huelga en el paraíso

Leo en Le Monde un artículo titulado "La revolución de los felices mineros o la huelga en el paraíso", concerniente a la extraña huelga que acaba de estallar en un complejo minero de la Laponia sueca.

He aquí un extracto del artículo: "Los mineros están bien pagados; poseen su propia casa, su coche y, a veces, incluso dos por familia, su televisión en color... Los trabajos están en gran parte automatizados, y los obreros disponen de todas las instalaciones deportivas, de salas comunitarias, de escuelas, de cines, etc. Pues bien, los mineros se han rebelado contra la perfección." Y el autor concluye: "¿Quizá necesite el hombre una autoridad para poder organizar su vida de una manera eficaz y feliz? ¿Quizá el rechazo de toda disciplina lleva a una anarquía que amenaza a la sociedad? ¿Tal vez el sentimiento de representar un papel es preferible a un aumento de salario decidido desde lejos por una burocracia sin rostro? La huelga de Kiruna plantea todas estas cuestiones..."

Los mineros, pues, se han rebelado contra la perfección. ¿Que perfección? La que concerne a todos los engranajes de la relojería humana y social, incluidos en ella los mecanismos de la distracción y del placer. Esos mineros, como se suele decir, lo tiene "todo para ser felices". Entonces, ¿qué reclaman?

Hagamos el parte del clima que reina en esta latitud. El hombre meridional que soy siente ya cómo le suben efluvios de neurastenia al pensar en vivir en la Laponia sueca. Pero el problema debe plantearse de otra manera para los trabajadores nórdicos.

Esos hombres poseen todos los elementos de una vida perfecta: les falta el lazo interno (das geistige Bund) que une y vivifica todos los elementos. Todo "gira" en la máquina, pero la máquina no sabe por qué gira. Los trabajadores gozan de un bienestar incomparable y no son felices porque, paradójicamente, se sienten privados a la vez del ser, es decir, de la conciencia de existir realemente, y del bien, es decir, de las virtudes --- un impulso, una disciplina, un amor --- que, al dar un sentido y una finalidad al destino, alimenten esa conciencia.

Por impulso entiendo el gusto por la actividad profesional y el apego a ella. El trabajo mejor remunerado y menos penoso no deja de ser una carga si no lleva consigo el elemento de espontaneidad y de caráter gratuito que aporta la vocación a ese trabajo. "El amor por el propio estado es el más precioso de todos los bienes". decía el canciller D'Aguesseau. Y Stendhal: "La vocación es tener por oficio la propia pasión". ¿Cuantos artistas, sabios, médicos, han trabajado toda su vida en la pobreza y en la oscuridad, sin pedir a su actividad otra recompensa que la propia actividad? Sería una utopía pedir a obreros o a mandos medios de la industria una vocación tan intensa y tan exclusiva, pero en una sociedad normal no debería existir ningún oficio en el que el trabajador no pudiera proyectar el deseo de realizarse en una obra exterior, lo que cuenta entre los deseos esenciales del ser humano.

Una disciplina. El autor del artículo citado más arriba invoca con razón la ausencia de autoridad directa como una de las causas de la insatisfacción de los trabajadores. El jefe visible, abordable, competente y consagrado crea, por su prestigio y solicitud, un clima de fraternidad y confianza que hace aceptar desde el interior la disciplina impuesta por el trabajo.

Por todas partes se oyen quejas de la decadencia de la moralidad profesional. Se debe en gran parte el carácter cada vez más abstracto y anónimo de la autoridad. Nunca un aumento de los salarios y de los ratos de ocio, decidido por un ordenador y efectuado por un distribuidor automático, podrá reanimar el sentido del deber de estado. Es necesaria la presencia del prójimo, el calor humano. La moralidad no es, como la venganza, un plato que se coma frío.

Finalmente, un amor. Porque incluso allí donde el trabajo implica sólo un débil grado de vocacíon y donde hace estragos la alienación burocrática, el afecto familiar y el sentido de las responsabilidades que de él deriva bastan para dar un sentido al trabajo. Siempre me acordaré de la frase de un ingeniero que me dijo, con acento de infinita ternura, al enseñarme la fotografía de su mujer y sus hijos: "Estas son las personas por las que trabajo". "Sentimentalismo pasado de moda", dejó caer un tecnócrata a quien yo contaba este humilde y precioso hecho. "Tanto peor --- contesté ---, siempre es un gran mal juzgar caduco lo que es irreemplazable como algo pasado de moda". [No original: "Tant pis, ai-je répliqué: c'est toujours un grand mal que de juger dépassé ce qui est irremplaçable."] Volviendo a nuestro tema, sería interesante saber lo que queda del vínculo religioso, que todo parece suponer relajado, si no ausente.

Ahí está el nudo del problema: más allá de la eficiencia material y de la justicia matemática, se trata de volver a encontrar ese imponderable sin el cual todas las ventajas económicas y sociales carecen del necesario peso específico. Algo análogo a la levadura en la masa, al rayo de sol en un paisaje... Se ha denunciado durante largo tiempo, siguiendo a Marx, "la mixtificación idealista" consistente en abrevar con consolaciones morales y religiosas a las victimas de la explotación económica. La situación ha dado la vuelta y he aquí que empezamos a recoger los amargos frutos de la mixtificación materialista que consiste en hacer creer a los hombres que la abundancia y el justo reparto de los bienes de consumo bastan para alcanzar la felicidad. La revolución económica exige, como una de las primeras condiciones de su supervivencia y de su desarollo, un renacimiento espiritual. Mientras los hombres han tenido hambre, han podido dudar de la verdad de la frase evangélica: "No sólo de pan vive el hombre", pero el aburrimiento y la revolución que segrega la prosperidad general abandonada a sí misma le aportan, hoy, la confirmación interior.

Fonte: "El equilibrio y la armonía" - Belacqva, 2005

sexta-feira, 18 de fevereiro de 2011

La parole et l'écriture

C.Ch. -- Christian Chabanis
G.Th. -- Gustave Thibon

C.Ch.
Pour vous, l'écriture et la parole renvoient en fait à un silence plus grand qu'elles?

G.Th.
Au silence et au mystère. Toute grande écriture étant d'ailleurs une traduction du silence et toute parole étant valable selon la quantité de silence qu'elle contient, qu'elle évoque et qu'elle peut provoquer.

C.Ch.
Mais votre silence ne provoque-t-il pas ceux qui vous entourent à quelquefois parler pour nous, et moins bien?

G.Th.
Ou mieux!

C.Ch.
Je pense à ceux qui parlent moins bien! Nietzsche le remarquait justement: "Le plus grand homme est celui qui est entouré du plus grand nombre de parasites." Il semble qu'il ait toujours avantage à exprimer lui-même ce qu'il a à dire, car Dieu sait ce qu'on peut faire de sa pensée. Vous remarquez, il est vrai, que Socrate n'a jamais écrit, que Platon a exprimé assez profondément et assez essentiellement la pensée de Socrate. Que Jésus-Christ, non plus, n'a jamais écrit, et que les évangélistes ont tout de même traduit certes une infime partie, mais l'essentiel de ce qu'il a proféré. Seriez-vous tenté de laisser à d'autres le soin d'apporter un témoignage que vous pourriez donner vous-même? Seriez-vous tenté par le silence?

G.Th.
Je ne suis pas Socrate, et je n'ai jamais eu de Platon à mes côtes. Si c'était le cas, combien je m'effacerais volontiers devant lui. Socrate, paraît-il, disait en lisant les premiers dialogues de Platon: "Que de choses ce jeune homme me fait dire, auxquelles je n'ai jamais pensé." Le propre, justement, d'une pensée féconde, c'est de faire penser bien au-delà de ce que l'auteur a pensé, de provoquer la pensée, de la féconder. Et de la féconder dans la ligne même de la pensée fécondée. C'est-à-dire du lecteur qui pensera par lui-même.

Ce qu'on peu donner de meilleur aux hommes, c'est de les révéler à eux-mêmes. Ce n'est pas tellement être approuvé que je souhaite: c'est de contribuer à féconder les esprits et à leur faire produire, comme on dit, des fruits selon leur espèce, et non pas selon la mienne. C'est pourquoi je ne tiens pas tellement à avoir des disciples. Je ne souhaite qu'une chose: que mes disciples me dépassent.

C.Ch.
Vous avez des amis plus que des disciples, sans doute?

G.Th.
Le mot "disciple", d'ailleurs, me déplaît. J'ai, en effet, des amis. Je souhaite que ce que je peux leur communiquer prenne ensuite la couleur de leu âme, de leur esprit, de leur destinée. Le propre des grands hommes --- parmi lesquels je ne me range pas, je le répète ---, c'est de provoquer à travers les siècles ces imprévisibles réactions en chaîne. Cette fécondité inépuisable, cette semence qui n'en finit pas de porter des fruits...

C.Ch.
Si bien que vous êtes disposé à retrouver, chez ceux qui admirent votre pensée, la connaissent profondément, quelque chose de très différent, sinon d'opposé, à ce que vous exprimez vous-mêmes?

G.Th.
Le maximum de ce qu'ils peuvent donner. Autrement dit, je fais crédit au lecteur.

C.Ch.
Et pas nécessairement dans le sens où vous pensez vous-même?

G.Th.
Pas nécessairement dans le sens où je pense moi-même. Pas dans le sens contraire non plus, s'il s'agit de vérités essentielles. Mais, enfin, les mêmes réalités peuvent êtres vécues sous des angles tellement différents et exprimées par des formules également très diverses. C'est en cela qu'elles se renouvellent d'ailleurs. L'éternel ne se renouvelle jamis par le fond, mais par la forme. Et cette variété inépuisable qui est le reflet de l'unité suprême crée le lien entre les hommes, de génération en génération.

Fonte: "Entretiens avec Christian Chabanis" - Ed. Fayard

terça-feira, 15 de fevereiro de 2011

Aforismos

Não morrer é uma coisa; viver é outra. Entramos numa era em que o homem cultiva e multiplica todos os meios de não morrer (medicina, conforto, segurança, distracções) --- tudo o que permite estirar ou suportar a existência no tempo, mas não viver, porque a única fonte da verdadeira vida reside para lá do tempo e contém a morte na sua unidade. Vemos despontar a aurora duvidosa e bastarda duma civilização onde o cuidado esterilizante de escapar à morte conduzirá os homens ao esquecimento da vida.

* * *

Mors immaturata. --- Pensamos no futuro, para não pensar na eternidade. E a eternidade apodera-se de nós, apesar de todas as nossas resistências: caímos na morte como numa armadilha, por acaso e de surpresa. Deus colhe-nos como frutos verdes que é preciso arrancar aos ramos da árvore...

Fonte: "O olhar que se esquiva à luz" - Livraria Figueirinhas - Porto, 1957