terça-feira, 27 de novembro de 2012

Inflación y devaluación de la responsabilidad

He atravesado París recientemente. Las paredes estaban cubiertas de carteles multicolores denunciando los horrores de la guerra de Vietnam, de la tiranía policial y capitalista de Brasil, etc., e invitando a la población a participar en mítines y en desfiles de protesta. Y sobre algunos de estos carteles se exponía este lema: todos somos responsables.

¿Responsables? Me gustaría mucho que me explicaran el sentido y el alcance que se da a esta palabra. Toda responsabilidad implica una competencia y unos medios de acción. Como padre de familia, me siento responsable de la educación de mis hijos; como escritor, de las consecuencias de mis palavras (a condición de que sean bien interpretadas, lo que no siempre ocurre.); como ciudadano, de la elección del diputado al que he dado mi voto, etc. Pero ¿qué sé y qué puedo hacer en los asuntos del Vietnam o de Brasil? ¿Cómo me sentiré responsable en un campo que no conozco y en que no tengo poder?

Si conocimiento, se me responderá, es la información, esa reina del mundo moderno, quién nos lo proporciona. Lea los periódicos, escuche la radio y estará enterado cada día de todo lo que pasa en el mundo. Y en cuanto al poder, depende de usted el aumentar por su adhesión uno de estos movimientos de opinión cuya irresistible fuerza contribuirá a limitar los estragos de los tiranos y a acelerar su caída.

Confieso mi inmenso escepticismo en estos dos puntos. No niego el poder de nuestros medios de información, esa reina del mundo moderno, quien nos lo pro-formación honesta y objetiva? ¿Acaso en esos carteles que provienen, todos ellos, de partidos políticos cuya frenética parcialidad salta a la vista de cualquiera? Y ¿cómo elegir, dentro de nuestros países aún libres, en los que se agita a la opinión en todos los sentidos, entre unas fuentes de información que no cesan de contradecirse, tanto en la exposición como en la interpretación de los hechos? ¿Qué debo pensar de la intervención norteamericana en el Vietnam? Ultima defensa de la liberdad en Extremo Oriente, me dicen unos. Monstruosa acometida del imperialismo, me dicen otros. ¿Y del régimen de los coroneles en Grecia? dos diplomáticos franceses que conocen bien este país me afirmaron, el primero, que la nación helena había sido entregada, atada de pies y manos, a una banda de gángsteres, y el segundo, que el golpe de Estado militar había sido la única solución posible contra la revolución comunista, la cual habría traído excesos mucho más terribles. ¿Que voy a creer? ¿Tengo derecho a comprometerme así en la oscuridad, contando únicamente con la fe en tal o cual propaganda? O bien, ¿debo abandonar mi deber de estado ---al que ya llego con dificuldad--- para dedicarme a una encuesta personal y profunda sobre lo que pasa en el otro extremo del mundo?

Ya no discuto la influencia que puede ejercer la movilización de la opinión pública contra cualquer abuso de poder. Pero tal movilización no es posible más que en países relativamente libres, y corre el riesgo, al crear una situación revolucionaria, de preparar el advenimiento de un nuevo poder aún más abusivo. Pueden organizarse en Washington manifestaciones contra la política de Nipón, pero no en Moscú contra la política de Kosyguín, y menos aún en Pekín contra la de Mao. Y las dictaduras comunistas, después de haber quebrantado la autoridad de los regímenes liberales, en nombre de la libertad de opinión, se apresuran, desde el momento en que un país cae en su poder, a ahogar esta libertad, de la misma manera que se tira, después de haberlo usado, un instrumento que se ha vuelto inútil. De modo que al comprometerse inconsideradamente en una cruzada contra los excesos del imperialismo moderado, se corre el riesgo de abrir el camino al despotismo absoluto.

No tomo partido: muestro las dificultades del problema. Aún mejor. Estas llamadas delirantes a no sé qué responsabilidad planetaria coinciden con un agotamiento generalizado del sentido de las responsabilidades elementales.

Se va más lejos: es la misma noción de responsabilidad la que se pone en tela de juicio. Frente a todos los problemas planteados por la delincuencia, los conflitos familiares, los divorcios, la infancia inadaptada, etc., un ejército de psicólogos se empeñan en reducir al mínimo la participación de la libertad y de la responsabilidad personales: todo se explica por la herencia, el medio, las pulsiones del inconsciente, etcétera y, en último término, no hay culpables, sino tan sólo víctimas.

Si se lleva hasta su último extremo esta tendencia, desembocamos en la paradoja de que todo el mundo es declarado responsable de lo que no le concierne e irresponsable de lo que le atañe directamente. Lo cual, por otra parte, concuerda muy bien: poner la responsabilidad en todas partes es el medio más seguro de no asumirla en ninguma. La inflación y la devaluación se corresponden: la responsabilidad colectiva dispensa de la responsabilidad individual.

No predico la indiferencia respecto a las grandes cuestiones de la política internacional. Simplemente, digo que es necesario que el problema de la responsabilidad vuelva a ser abordado por su base, antes de que se llegue a sus últimas consecuencias. Y esa base es el ejercicio cotidiano de nuestras responsabilidades inmediatas. Ahí es donde está el primer mal y donde debe aplicarse el primer remedio. Queriendo quemas etapas no se llega a ninguna parte, sino, como muy a menudo ocurre hoy, a hacer florecer responsabilidades imaginarias sobre la tumba de las responsabilidades reales.

Fonte: "El equilibrio y la armonía" - Belacqva - 2005

segunda-feira, 26 de novembro de 2012

¿Hasta dónde somos responsables?

El otro día, al intentar arreglar el desorden crónico de mi biblioteca, descubrí una serie de viejos libros llenos de polvo, de cuya existencia incluso me había olvidado: era un tratado de teología moral, de moda en los seminarios hace más de cien años y que había pertenecido a un tío abuelo mío, cura de una parroquia vecina.

Hojeé al azar uno de los tomos de esta obra, redactada en un latín eclesiástico que se descifra sin enfuerzo, y caí sobre el capítulo consagrado al análisis del pecado llamado acidia, término difícil de traducir y que corresponde más o menos a tristeza arraigada, melancolía, disgusto por la vida.

Este estado del alma se calificaba de pecado por la razón de que el hastío de un bien tan precioso como la existencia constituía un acto de ingratitud y por tanto una ofensa a Dios, que nos ha creado y nos ha puesto en el mundo.

Lo que me chocó en esta lectura fue volver a encontrar en la descripción de los efectos de la acidia la mayoría de los síntomas del padecimiento que hoy se llama depresión nerviosa. Curioso cambio de óptica: a ese hastío de la vida, que se condenaba como pecado, se le trata como enfermedad; lo cual revela que la moral cae bajo la medicina; lo que se acusaba ante el sacerdote, hoy se confia al psiquiatra.

Se observa la misma evolución---o, más bien, la misma revolución--- en terrenos muy diferentes; por ejemplo, en el que concierne a la educación de los niños y a la justicia penal.

Miles de problemas que antes se esolvían por un azote bien dado o por un castigo sin postre hoy necesitan de la intervención detécnicos especializados en psicología, dietética y psicología infantil. Tratar a un niño como a un ser relativamente libre y corregirle desde esa perspectiva es comportarse como un bruto incomprensivo y encaminar a ese pequeño desgraciado hacía los peores retrocesos. Estamos lejos de la época en que el buen rey Enrique IV escribía al preceptor de su hijo, el futuro Luis XIII: "Si ahorráis el látigo, odiáis a mi hijo."

En cuanto a los delincuentes, lejos de considerarlos culpables, se les ve, cada vez más, como víctimas. Víctimas de la herencia, de la mala educación, sobre todo de la sociedad, considerada como la principal, cuando no como la única, responsable de los delitos cometidos en su seno, lo cual, por otra parte, no molesta a nadie, pues ninguno de los miembros de la sociedad se siente particularmente afectado por esta condena.

Cosa rara: en una época en la que tanto se ha proclamado y exaltado las ideas de libertad y de responsabilidad, se ve diolverse la nócion de culpabilidad, noción que, sin embargo, deriva en línea recta de las dos primeras, pues declarar culpable a un hombre e considerarle libre y responsable del mal que ha hecho. En esta perspectiva, todas las faltas y todos los delitos se explican por el mal estado del cuerpo, los tenebrosos remolinos del subconsciente, la opresión y la corrupción que emanan del entorno social: ya no hay culpables, sino inadaptados, rechazados, acomplejados, etc.

No discuto el relativo fundamento de esta reacción. El pensamiento moderno no ha hecho aquí más que desplegar y precisar el dominio de lo que los antiguos filósofos llamaban la causa material, es decir, la dosis de condicionamiento y de determinismo implicados en nuestros actos conscientes y libres. Pues ningún hombre es absolutamente libre y totalmente responsables: todos dependemos, en mayor o menor grado, de nuestro temperamento y de nuestro carácter y le las influencias que ejerce en nosostros la sociedad. Y no añoro incondicionalmente las épocas en que el deprimido era considerado como un enfermo imaginario, el delincuente como un monstro de perversidad consciente, y el niño difícil como merecedor del látigo.

De lo que estoy seguro es de que vamos hacia el exceso contrario. Antes se inflaba demasiado la noción de culpabilidad, hoy se la reduce demasiado. Y el peligro de empequeñecimiento y de corrupción del hombre no es, ciertamente, menor. A fuerza de declarar que los hombres son irresponsables, se acaba por convertirles en irresponsables. sé que hay enfermedades psíquicas, o delincuentes que son víctimas de una fatalidad contra la cual no pueden hacer nada. Pero, a la inversa, ¡cuántos deprimidos exageran sus males reales y se instalan en la enfermedad para escapar a los deberes y a las preocupaciones de una vida normal y para dejarse mimar por su entorno! Y cuántos delincuentes extraen de la "comprensión" y de la indulgencia de los jueces nuevas fuerzas para perseverar en el mal: la estadística de las reincidencias después de la remisión de faltas es muy esclarecedora en este sentido.

Un clima más riguroso favorece más la curación de los enfermos y el castigo de los culpables. Un solo ejemplo: he conocido un cierto número de deprimidos que llevaban años estropeando su propia vida y envenenando la de sus prójimos, a causa de fantasmas surgidos de su imaginación, y cujo estado mejoró extrañamente durante la ocupación alemana. Las inquietudes debidas a la guerra y a las dificultades de avituallamiento habían creado a su alrededor una red de preocupaciones reales que dejaban poco sitio al minucioso mantenimiento de su depresión: ¡ésta se había convertido en un lujo que ya no podían mantener! De la misma manera, la severidad de la ley penal contribuye a mantener al futuro delincuente en el camino. Sin hablar de esos niños incorregibles durante el tiempo en que son mimados por sus padres y a los que una severa disciplina---por ejemplo, la de ciertos colegios--- les basta para rectificar su conducta.

Todo esto hace añorar las viejas filosofías---la de Platón, Aristóteles o Descartes--- que ante todo ponían el acento en las cimas luminosas del ser humano: la conciencia, que nos hace distinguir el bien del mal, y la voluntad, que nos hace escoger entre uno y otro. aun exagerando la parte de la libertad, por lo menos tenían la ventaja de estimularla al máximo. En efecto, el hombre es tanto más libre cuanto más responsable se sienta y como tal es tratado por sus semejantes. El sentimiento de responsabilidad despierta en él energías latentes que le ayadan a dominar el mal bajo todas sus formas. Porque, salvo en el caso de un total agotamiento físico o de una irremediable abyección moral, el alma siempre puede algo más que el cuerpo, la conciencia prevalece sobre el inconsciente, y el individuo sobre las influencias que recibe de su medio social.

Antes se le exigía demasiado al hombre; hoy no se le pide bastante. Ambas actitudes llevan consigo errores y abusos en sus aplicaciones concretas. Pero, en resumen, creo que es la primera la que supone más promesas y menos riesgos. Y el testimonio de la historia nos enseña que son las morales más exigentes---las que apelan a nustras más nobles facultades y las que nos toman como artesanos libres y responsables de nuestro destino--- las que siempre han contribuido más eficazmente a elevar el nivel general de la humanidad.

Fonte: "El equilibrio y la armonía" - Belacqva - 2005

domingo, 25 de novembro de 2012

La erosión de las responsabilidades

No hay nada más trivial ni más verdadero que denunciar el ocaso del sentido de la responsabilidade. Desde lo más alto de la escala social hasta lo más bajo, el mayor deseo de la mayoría de nuestros contemporáneos consiste en seleccionar las ventajas de su situación y en eliminar los riesgos. El viejo reclamo "¡Sobre todo, nada de historias!" toma proporciones de un imperativo categórico. Hasta tal puento que, a propósito de cualquier escándalo cuando un político pronuncia la amenazadora e irrisoria fórmula: "Los responsables, sean los que sean, serán buscados y sancionados", cada uno se encoge de hombros sabiendo muy bien que no se tardará en "ahogar el pescado", es decir, en devolverlo a esas turbias aguas en las que evoluciona con tanta comodidad.

Pero ¿qué es la responsabilidad? El diccionario la define como "el carácter de aquel que puede ser llamado a responder por las consecuencias de sua actos".

¿Qué consecuencias? Es muy importante notar que se empieza a hablar de responsabilidades sólo cuando las cosas van mal. Se es responsable de un fracaso, de un error o de una falta, no de un éxito. Después de un accidente de carretera o del fracaso de una operación---y en la medida en que no se había hecho todo lo que era humanamente posible para evitar estas desgracias---un automovilista o un cirujano son declarados responsables. Ser responsable es, pues, asumir las penosas consecuencias de un acto libre. Lo cual implica, según la naturaleza de ese acto, una serie de sanciones morales y materiales que van desde el puro y simple arrepentimiento hasta la reparación de los daños y la condena penal.

En cuanto a la huida generalizada ante las responsabilidades, encontramos la causa no sólo en la falta de firmeza de la naturaleza humana, siempre inclinada a apartarse de situaciones incómodas, sino también en ciertas condiciones inherentes al mundo moderno.

La etimología de la palavra que proporciona el excelente diccionario de Littré es ya suficientemente esclarecedora. Responsabilidad se deriva de res y de sponsus: esposo, novio. Ser responsable de una cosas es estar unido a esa cosa por lazos análogos a los que unen al esposo y a la esposa. Lo cual lleva inmediatamente consigo la idea de elección, de promesa, de fidelidad, en una palabra, de amor. Más allá de toda obligación de tipo moral y jurídico el hombre se siente responsable espontáneamente de lo que ama. Ejemplo: un hombre que verdaderamente tiene vocación de médico se porta ante su arte como un esposo con su esposa; es entre estos hombres entres los que se observa el sentido más vivo de las responsabilidades profesionales. Las alegrías que les proporciona su oficio les hace aceptar sus cargas.

A ello se añade, en ciertos medios y en ciertas profesiones, el carácter inmediato y personalizado de las sanciones. Un campesino, propietario del suelo que cultiva, no sólo está casado con la tierra, sino que sufre individualmente las repercusiones directas y precisas de sus negligencias y de sus errores. De la misma manera el artesano, el comerciante o los miembros de una empresa a escala humana. Nada mejor para la educación de la responsabilidad. Se ha dicho que la sabiduría consistía en meditar sobre los errores cometidos. Pero también es preciso que las consecuencias de esos errores recaigan directamente sobre su autor.

Planteo ahora la cuestión siguiente: En la sociedad actual, ¿cuántos hombres hay que se sientan ligados a su función como lo están un marido a su mujer o un campesino a su tierra? Es un hecho demostrado por la experiencia que el sentido de la responsabilidad disminuye en función del gigantismo de las empresas: resorte de una máquina en lugar de miembro de un organismo, el individuo no ve bien el lazo entre su trabajo, demasiado frecuentemente impersonal y fragmentario, y los resultados de ese trabajo; así, sus faltas, diluidas y reabsorbidas en ese inmenso complejo anónimo, le parecen sin consecuencias, expresión admirable para designar la insignificancia y, por tanto, la ausencia de responsabilidad. Además, allí donde no reina una disciplina férrea (como ocurre en nuestras sociedades occidentales, donde la concentración va unida al relajamiento) las sanciones son incieretas y lejanas: se limitan, para ciertos organismos del Estado o paraestatales, a un déficit crónico soportado por el conjunto de la nación, de manera que un funcionario negligente llega a mantener su puesto, mientras que en una empresa libre el jefe sería eliminado en breve plazo por la quiebra de ésta.

En resumen, se produce una ruptura (mortal para el sentido de la responsabilidad) entre nuestras acciones---o nuestras omisiones---y sus consecuencias. La corriente expresión: "Eso a mí no me toca", traduce perfectamente la disyunción entre los efectos y las causas. Para ser "tocado" en sentido figurado (emocionado, interesado, "concernido", como se dice hoy), es preciso primero ser tocado en sentido propio, es decir, en un contacto personal e inmediato.

Otros factores, que proceden del clima general de la época, intervienen en el mismo sentido. En particular, el culto a la facilidad y al confort, (¿hay algo menos confortable que hacerse cargo de las propias responsabilidades?), la debilidad de los padres y de los educadores (el niño demasiado mimado al que se le conceden todos sus deseos y al que se le excusan todas las faltas está mal preparado para soportar las consecuencias de sus actos) e igualmente la costumbre de vivir al día en una sociedad cambiante en la que todas las inversiones materiales y morales corren el riesgo de ser destruidas a corto plazo. ¿Para qué tomarse la molestia de adquirir responsabilidades cuando se ignora absolutamente de qué estará hecho el mañana? Repugna tanto más "mojarse" cuando que el tiempo transcurre más deprisa y en una dirección imprevisible. Del mismo modo, tampoco es una de las menores contradicciones de nuestra época la coincidencia entre la religión y el porvenir (la prospectiva se ha convertido en una ciencia de moda) y entre el reino de la imprevisión y de la política "a corto plazo"

Pero por muy incierto que sea el porvenir, aquellos que saben hacerse cargo de las responsabilidades son los que tienen más probabilidades de modelarlo a su imagen. "El hombre es un animal capaz de hacer promesas" decía Nietzsche. Ahora bien, ¿qué es una promesa (para lo mejor y para lo peor, siguiendo la vieja fórmula inglesa), sino un ancla lanzada al futuro, es decir, la prefiguración del mañana a través del compromiso de hoy? El porvenir pertence preferentemente no a quienes lo sueñan en el vacío o lo planifican en abstracto, sino a quienes, manteniendo sus promesas y asumiendo sus responsabilidades, ya imprimen su señal en él.

Fonte: "El equilibrio y la armonía" - Belacqva - 2005

domingo, 21 de outubro de 2012

Méditation et action (III - Final)


Le réflexe prend le pas sur la réflexion et le signal remplace le signe

À une époque où l'homme, délivré des servitudes de la matière, devient l'esclave de ses moyens mêmes de libération et où tour se fait sous le signe de la vitesse, il n'y a rien de plus urgent que de reconquérit un peu de vrait liberté, de ne pas se laisser emporter tout entier par le mouvement --- un mouvement où le réflexe prend le pas sur la réflexion, et où le signal remplace le signe. Comment définir un signe? C'est l'évocation d'une réalité invisible par une réalité visible.. Un serrement de mains, un baiser, ce sont des signes: des gestes qui, en eux-mêmes, n'ont pas tellement d'importance, mais qui prennent une importance infinie dès qu'ils se chargent d'amitié ou d'amour. De même une oeuvre d'art: elle ne vaut que par l'invisible contenu dans le représenté. Et les mots: des paroles creuses s'ils ne renvoient pas à l'inexprimable. Mais pour aller du signe au signifié, il faut rentrer en soi-même, méditer... Tandis que le signal n'appelle que le réflexe, l'automatisme, qui exclut la réflexion, justement. Dans certains cas, il est recommandé d'avoir de bons réflexes plutôt que de réfléchir: par exemple, quand vous conduisez votre voiture, mieux vaut por vous ne pas trop méditer sur ce que vous avez à faire! Mais répondre dans tous les domaines comme un automate à tous les signaux qui nous sont adressés, à toutes les sollicitations qui nous sont faites (et c'est bien le but visé par les publicités de nous ordres), eh bien, cela nous viderait bientôt de toute substance humaine.

Ce vide intérieur, dont le premier symptôme est l'ennui qui dêvore beaucoup de nos contemporains, surtout les jeunes, est peut-être la plus grande menace qui pèse sur l'homme moderne. On nous rabâche sans cesse que nous vivons une "époque passionnante". C'est vrai, mais c'est précisément dans cette époque passionnante que se pose, avec une acuité et une urgente encore inédites dans l'Histoire, le problème de l'ennui et de l'utilisation des loisirs. La vanité et la basse qualité des distractions où se réfugient tant de nos contemporains nous donnent la mesure du vide intérieur creusé par l'absence de méditation. "Ce grand malheur de ne pouvoir demeurer en repos dans sa chambre", disait Pascal. Je sais bien qu'on ne doit pas rester toujours dans sa chambre... Mais il faut savoir y rester de temps en temps, et même assez souvent! Sans un minimum d'activité intérieure, on devient inapte à l'activité extérieure. C'est alors qu'on sombre dans l'ennui et dans l'obsession d'être "désennuyé" à n'importe quel prix (pourvu que ce ne soit pas au prix d'un effort personnel!). À propos d'ennui, on m'a raconté qu'à New York, neuf mois après la fameuse panne d'electricité qui avait duré neuf heures, on avait observé un boom des naissances. On a donc interrogé les gens: "Que voulez-vous, ont-ils réponds, il n'y avait plus de télévision, il n'y a rien d'autre à faire!" C'est un peu curieux tout de même... Ce n'est flatteur pour ces dames... ni pour ces messieurs d'ailleurs! C'est le monde à l'envers: normalement, c'est à la technique de prendre le relais de la nature; par exemple, on allume l'electricité le soit, quand le jour baisse et ne suffit plus à nous éclairer, tandis qu'en cette circonstance on a eu recours à la nature pour suppléer les défaillances de la technique.

Cette anecdote me rappelle, par contraste, un vieux souvenir. J'ai vécu quelque temps, jadis, dans le pays d'Afrique du Nord... Les indigènes peuvent rester immobiles et silencieux indéfiniment... J'en voyais qui attendaient ainsi l'autobus dans une sérénité absolue --- un autobus qui passait toutes les ving-quatre heures! "Ce sont des abrutis!" est le premier mot qui vient à l'esprit des Européens. Mais nous n'avons pas la moindre preuve qu'ils soient des abrutis! Je crois au contraire qu'ils sont beaucoup plus capables que nous de méditer et de communier avec la nature. Je me souviens d'un ami officier qui les connaissait peu: il avait demandé à son ordonnance berbère de lui amener son cheval à huit heures du matin. Puis --- il avait dû modifier ses projets --- il oublia son ordre. Voilà le pauvre. Ali qui l'attend toute la journée. Le soir, mon ami se souvient tout à coup de la consigne et se précipite, tout confus: "Comme tu as dû t'ennuyer", lui dit-il, et Ali de répondre: "Moi, m'ennuyer, capitaine? Mais je n'avis rien à faire!" Savoir ne rien faire, cela suppose parfois beaucoup plus d'esprit, et surtout beaucoup plus d'âme, que ne pas "savoir s'arrêter", comme tant de gens aujourd'hui qui se fuient eux-mêmes ans une activité frénétique.

La clef de la mesure est dans l'absolu.

Résumons-nous. Les valeurs immutables, les étoiles fixes de la destinée ne se dévoilent qu'au regard immobile et intérieur de l'homme qui médite. Seule la médotation nous met en communication avec le monde inaltérable, et nous enseigne la limite en nous révélant l'infini.

Notre siècle oublie trop souvent l'abîme qui sépare les valeurs absolues et invariables (le Vrai, le Beau et le Bien qui sont l'objet de la philosophie, de l'art et de la religion) des valeurs relatives et changeantes que brassent les sciences et les techniques. Les premières se situent au-delà du temps et ne sont pas susceptibles de progrès intrinsèque; les secondes se succèdent et se perfectionnent sans cesse au cours du temps. Il est évident que les valeurs temporelles, qui règlent l'action, doivent s'inspirer des valeurs éternelles, dont la méditation nous ouvre l'accès. Le mot de saint Augustin: "Quid hoc ad aeternitatem"? ("Qu'est-ce que cela qui n'est pas éternel?") s'applique à tout ce qui passe rapport à ce qui demeure. La clef de la mesure est dans l'absolu.

C'est par la méditation que l'homme de demain pourra dominer son siècle et juger avec pertinence les transformations que les progrès techniques et l'évolution des moeurs et des modes feront se succéder sous ses yeux. C'est en elle qu'il trouvera son unique chance d'échapper aux pressions sociales plus contraignantes que jamais à cause de la puissande toujours accrue des moyens de diffusion. La méditation, acte solitaire, vaccine l'individu contre les maladies du troupeaus, contre les épidémies de l'opinion. Savoir dire non quand il le faut et autant qu'il le faut devient l'impératif majeur de l'homme moderne. L'homme de demain aura d'autant plus besoin de méditation qu'il sera davantage voué à l'action: pour faire contrepoids à la l'action d'une part, et pour lui donner un sens d'autre part; pour échapper à la dispersion, à l'emiettement intérieur comme à la centralisation technocratique, pour résister à la règle imposée du dehors à ceux qui ne trouvent pas en eux-mêmes leurs raisons de vivre et d'agir.

La puissance même dont dispose l'homme moderne rend impérieuse l'exigence de vie intérieure. Car cette puissance non assumée par l'esprit, non orientée vers une fin supérieure, ne peut que se retourner contre nous et nous conduire au chaos et à l'esclavage, l'esclavage étant l'organisation artificielle du chaos. Dans un éclair de lucidité, le prodigieux homme d'action que fut Bonaparte fit cet aveu: "Je suis condamné par ma nature à ne remporter que des victoires extérieures." Les victoires extérieures, réduites à elles-mêmes, sont des défaites de l'âme. C'est aussi le mot du Poète: "On est vaincu par sa conquête [Victor Hugo, "L'expiation", Les Châtiments: "On était vaincu par sa conquête".]

Je vous citerai, pour conclure, ce dialogue apocryphe entre Sénèque et Néron --- apocryphe, mais que se rapporte certainement à quelque chose d'authentique, tant on y reconnaît l'esprit de Sénèque: "Mais enfin, est-ce que tu ne sais pas que mon pouvoir égale celui des dieux?" Et Sénèque lui répond: "Plus ton pouvoir se rapproche de celui des dieux, plus tu dois redouter les dieux." Autrement dit, ton être intérieur est d'autant plus menacé que ton pouvoir extérieur est grand.

domingo, 7 de outubro de 2012

Méditation et action (II)


"L'accéélération de l'Histoire"

Daniel Halévy a décrit notre époque comme celle de "l'accéleration de l'Histoire". En fait, il se produit plus de changement dans une décennie actuelle que dans un siècle du passé. Tout se transforme autour de nous à une cadence de plus en plus rapide: les techniques et leurs produits sont sans cesse supplantés par de nouvelles techniques et de nouveaux produits. L'homme d'action, s'il ne veut pas être dépassé et éliminé, doit non seulement savoir s'adpter à un présent toujours changeant, mais aussi préparer sans cesse l'avenir. Cet état de choses a donné naissance à une nouvelle science: la prospective. Je ne reprendrai pas ce qui a été dit ici sur la prospective par mon ami Gilbert Tournier. Mais en effet, plus on va vite, plus il faut prévoir, c'est-á-dire voir ce qui ne se voit pas encore. Il est certain que si l'on conduit un char à boeufs, ce n'est pas la peine de regarder très loin devant soi. Mais si l'on est sur l'autoroute, mieux vaut savoir ce qui se passe et ce qui risque de se passer sur la plus grande distance possible. De même aujourd'hui, si l'on conduit une entreprise... Le développement de bureaux d'études, où travaillent des hommes non engagés dans l'action à courte échénace, répond à cette exigence.

Un autre danger de l'action livrée à elle-même est celui de la stérilité intellectuelle et vitale dont s'accompagnent trop souvent le surmenage et la spécialisation. L'homme engagé dans une activité trépidante et à court terme perde facilement la capacité de réflechir, de situer et de relier les problèmes, de faire des synthèses. Il tend à réfléchir dans son action la passivité et l'automatisme des choses sur lesquelles il agit --- autrement dit, à devenir chose lui-même. Ses facultés d'initiative et de création se trouvent ainsi compromises, y compris dans sa propre spécialité. Car toute et solidaire dans l'homme comme dans la nature, et les divers étages du savoir se soutinnent réciproquement: les grands inventeurs sont des hommes complets. On a fait en Amérique cette curieuse expérience --- qui me paraît intéressante quoique peut-être un peu moins spectaculaire qu'on ne le prétend --- sur des techniciens plus ou moins "stérilisés" par une longue activité dans la même branche. On les a libérés de leur travail pour les placer dans un lieu attrayant et reposant où il n'était plus question de leur tâche professionnelle et où tout leur temps se passait en promenades, en conversations, en lectures, en concerts, en sapectacles, etc. Après quoi, rafraîchis et r´générés par ce bain de nature et de culture, ils seraient redevenus "efficients" dans leur domaine...

Je pense à ce bon évêque de l'ouest de la France, qui est très vieux aujourd'hui. Je dinais chez lui un soir. Nous étions donc à table et nous attnedions le directeur des OEuvres, un homme très pris. Il s'était fait tellement attendre que nous avions commencé le repas sans lui. Il est arrivé entre le potage et le premier plat, complètement survolté: "Messieurs, nous dit-il, vous le savez, le prête est un homme mangé! Et le vieil évêque de lui rópondre en bralant la tête: "Pourvu qu'il soit nourrisant..."

Le vertige de l'action

Naturellement, l'homme a besoin de méditer, non seulement en tant qu'homme d'action, mais en tant qu'homme tout court. Et plus encore peut-être l'homme d'aujourd'hui et de demain, car il risque d'être dénaturé par sa participation au dynamisme dévorant du monde minéral qui, autant que nous pouvons le prévoir, régnera de plus en plus sur notre planète...

On ne parle aujourd'hui que de "dynamisme" et d' "efficacité", comme si ces mots exprimaient toujours une valeur positive, et sans préciser quelle est la nature de la force exercée et de l'effet produit. Ce qu'on demande avant tout aux hommes d'action --- et cela se comprend ---, c'est l'efficacité. Mais il ne faut tout de même pas oublier que l'efficacité, en elle-même, n'est que le fait de tout ce qui produit un effet, n'importe quel effet... Si vous me donnez un coup de poing en pleine figure, l'effet s'inscrira sur ma figure à l'instant même! Si vous éduquez un enfant, l'effet sera beaucoup plus loin, plus incertain, plus subtil... Camus faisait déjà remarquer que l'efficacité du typhon n'est pas du même ordre que celle de la sève... Il y a une hiérarchie des effets, et, en règle générale, plus on descend vers la matière, plus les effets sont rapides et spectaculaires. Il ne s'agit donc pas de rechercher l'efficacité à tout prix, mais de la rechercher au niveau convenable, humain, qui n'est pas forcément celui où elle est le plus immédiatement évidente. Lá encore, la réflexion s'impose...

L'homme en proie au vertige de l'action est toujours tenté, suivant le mot d'un jeune philosophe contemporain, de "mettre sa fin dans la perfectionnement des moyens". De là résulte la crise de finalité qui affecte notre siècle. On va de plus vite, mais on ne sait plus où on va... On cherche aussi à compenser, par l'accumulation de l'avoir, l'unité perdue de l'être. L'homme moderne ressemble à un homme qui aurait sacrifié ses entrailles pour se procurer une énorme quantité d'aliments, et qui mangerait sans cesse sans jamais rien assimiler. Il souffre d'une sorte de diabète ontologique... (le sens étymologique du mot diabète, c'est passer au travers...).

"Singulière fortune, écrit Baudelaire, Où l'homme dont jamais l'espérance n'est lasse/Pour trouver le repos, court toujours comme un fou." Celui qui ne sait plus méditer cherche refuge dans l'agitation. Sa règle de vie se réduit à ceci: faire n'importe quoi, mais faire quelque chose. Cette fièvre de l'action agit comme un narcotique sur nos plus hautes facultés. En effet, par les satisfactions qu'elle donne et par la fatigue qu'elle procure, l'action tend toujours à trouver sa justification en elle-même: la bonne conscience" inhperente à l'homme qui "a bien travaillé" lui voile les problèmes suscités par son action. Allez dire, par exemple, à un industriel que les produits qu'il fabrique sont peut-être inutiles ou nocifs: le pauvre homme, déjà obsédé par son labeur quotidien et les soucis de production et de vente, ne manquera pas de vous renvoyer à vos propres affaires avec une certaine irritation... Il n'est pas facile de hausser les problèmes techniques et économiques au niveau humain et social.

Continua ...

domingo, 23 de setembro de 2012

Méditation et action (I)

Ce texte a été établi d'après un enregistrement dactylographié (sans indication de lieu ni de date) et le manuscrit d'un plan de conférence. Conférences données sous ce titre dans les années 1960.

[. . .]

Précisions d'abord le sens des mots. Méditer signifie réfléchir avec force sur quelque chose. En ce sens, la méditation est dejà une action, mais une action intérieure à l'homme. Quant au mot action, il désigne, dans le vocabulaire courant, une intervention sur le monde extérieur. Si nous disons par exemple que tel médecin que c'est un homme très actif, nous entendons par là non pas qu'il médite puissamment dans le silence de son cabinet, mais qu'il voit beaucoup de malades.

Il n'y a pas opposition mais corrélation entre la méditation et l'action

On peut très bien méditer sans produire aucune action extérieure, mais l'inverse n'est pas vrai: on ne peut pas agir sans méditer (sauf dans les actions purement réflexes.) L'homo faber n'est pas concevable sans l'homo sapiens. Il n'y a donc pas opposition mais corrélation entre la méditation et l'action. Et c'est cette perpétuelle osmose entre la vie intérieure et la vie extérieure, entre la pensée et la main, qui a permis le progrès des sciences et des techniques. Les mathématiques appliquées procèdent des mathématiques pures: la première machine à calculer est née de la méditation de Pascal sur les nombres...

La méditation porte sur l'essence des choses (ou sur leur existence en tant que représentée), tandis que l'action concerne leur existence concrète et leur matérialité. Marx, théoricien de l'action, nous dit que le monde nous est donné "pour être transformé et non pour être contemplé". Mais pour transformer, il faut d'abord connaître ce qu'on transforme, et ensuite savoir dans quel sens on va le transformer. Le menuisier, avant de commencer à fabriquer une table, a déjà une idée précise de cette table --- et c'est cette idée, cette représentation qui le guide dans son travail et lui fait choisir ses matériaux et ses outils. L'action met en oeuvre les moyens nécessaires à la réalisation d'un but déjà présent à l'esprit.

Dès qu'on veut réaliser quelque chose, dans tous les domaines, y compris les plus élevés, il faut faire appel à une méthode, c'est-à-dire à une technique, il faut utiliser certaines "ficelles" : il y a une technique de la peinture, par example, une technique de la poésie et même, pour le prêtre, une technique de l'apostolat. Seulement, bien entendu, il faut qu'il y ait un peu autre chose que la technique, il ne faut pas que les ficelles s'agitent toutes seules... Dans certains discours académiques ou religieux, on les voit d'une lieue, ces ficelles --- c'est assommant! En Amérique, j'ai entendu parler de la "technologie du salut". La technologie pénètre partout vraiment! Je racontais à tout à l'heure à Gilbert Tournier cette petite anecdote qui m'a beaucoup amusé: dans une certaine rue d'Avignon, il y a beaucoup de demoiselles "de petite vertu" --- Avignon est une ville pittoresque où elles s'etalent beaucoup, ces demoiselles, d'une façon d'ailleurs assez inoffensible. Eh bien! il y a une vingtaine d'années, elles arrêtaient le passant en lui disant: "Viens, je serai gentille...", et l'autre jour, j'ai constaté qu'elles avaient changé de formule! Maintenant, elles lui disent: "Tu sais, je suis une spécialiste..." ! Oui, aujourd'hui la technique se loge absolument partout...

Seul l'animal, dont les instincts sont réglés et finalisés une fois pour toutes, peut s'offrir le luxe d'agir sans réfléchir. Un oiseau qui fait son nid amasse de la mousse et des brindilles sans se creuser la tête! C'est dans ce sens que Rousseau, apôtre de la "bonne nature", disait que "l'homme qui médite est un animal dépravé". Mais c'est pour ela aussi que l'animal est incapable d'initiative et de création: tout les nids d'hirondelles se ressemblent depuis l'origine du monde, tandis que l'architecture des maisons construites par les hommes évolue sans cesse.

L'homme est "condamné au sens": il modifie le monde extérieur en fonction d'un project, d'une valeur, qui naissent de sa méditation. On pourrait dire qu'il y a le même rapport entre la méditation et l'action qu'entre l'âme et le corps tels que les définit le philosophe allemand Klages: "L'âme est le sens du corps et le corps est le signe de l'âme."

L'equilibre entre la méditation et l'action peut être rompu de deux manières.

La première consiste à penser pour penser, avec tout ce que cele comporte de facilités et d'illusions, car enfin, dans le domaine des idées, tout est permis... Les choses de l'esprit sont extrêmement malléables, on peut en faire ce qu'on veut, toutes les combinaisons sont possibles, et il n'y a aucune espèce de sanction, tandis qu'avec la matière on risque toujours de tomber dans l'irréparable, dans l'irréversible. C'est sérieux, la matière... Nous devrions mettre autant de rigueur dans le domaine intellectuel que nous sommes obligés d'en mettre dans le domaine matériel. Si un garde-barrière se comportait avec les trains comme certais intellectuels (ou hommes politiques) se comportent avec les idées, qu'arriverait-il? Qui donc a dit: "Dieu pardonne toujours, l'homme quelquefois, la nature, jamais"?

La deuxième consiste à agir pour agir, sans finalité, sans référence à l'idée ou à l'idéal --- avec tout ce que cela entraîne d'agitation, de trépidation, d'appauvrissement de l'être intérieur et, à la limite, d'abrutissement. C'et le prope de l'homme d'être toujours en équilibre instable, d'être toujours menacé de tomber tantôt d'un cotê, tantôt de l'autre... Quand nous marchons, nous rattrapons à chaque pas le commencement d'une chute...

Le monde antique et le monde médiéval penchaient vers la méditation, au mépris de l'action. Les Anciens --- à quelques exceptions près, comme Archimède --- ne songèrent pas à développer les possibilités d'applications techniques contenues dans les mathématiques pures. Il est étonnant de voir à quel point la plupart d'entre eux méprisaient la technique. Dans ses Lettres à Lucilius, Sénèque parle des trois inventions qu'on venait de faire à l'époque: le chauffage central, la sténographie et les vitres transparentes. Trois choses assez importantes tout de même, du point de vue pratique... Eh bien, voilà ce qu'il en dit: "Tout cela n'est pas le fait de la sapientia (de la sagesse), mais de la sagacitas (de l'habileté, mère des techniques, du savoir-faire...) et ce qui prouve l'insignifiance de ces choses, c'est que ce sont des esclaves, comme par hasard, qui les ont inventées. La sagesse vise plus haut..."

Le monde moderne au contraire penche dangereusement vers l'action. Les prodigieuses transformations opérées sur la matière et dans nos conditions de vie, grâce au développement des techniques, nous amènent à valoriser les sciences et à déprécier la connaissance spéculative comme un jeu stérile de l'esprit. "À quoi cela mène-t-il?" dit-on dédaigneusement à propos des études purement littéraires ou philosophiques. Si nous représentons les deux choses dont nous parlons: l'une, la spéculation, par le mirroir (puisque spéculation vient de speculum: miroir), et l'autre, l'action, par le marteau, nous dirons qu'aujourd'hui il faut veiller surtout à ce que le marteau ne brise pas le miroir, ne sarai-ce que parce que si le miroir était brisé, l'action serait défigurée.

L'homme du XXe siècle est victime d'une rupture d'équilibre entre sa puissance sur les choses et ses capacités de vie intérieure. Son action est désorientée par le manque de méditation. Il n'a plus le temps de penser, dit-il, plus le temps de lire, plus le temps de consacrer une heure à quoi que ce soit d'un essentiel (conversation avec un proche, avec un ami, échange de lettres, etc.): l'existence le dévore, la matière l'absorbe. Il paraît pourtant que les machines ont été inventées pour nous libérer, nous donner du temps... Il faut croire que nous ne savons pas nous en servir. Les progrès techniques, dont la fonction, en principe, est de réduire notre esclavage, nous asservissent, en fait, toujours davantage. Il y a quelque chose qui ne tourne pas rond! Ce qui ne tourne pas rond, c'est que ce qui intéresse les hommes, au fond, ce n'est pas d'avoir le temps, mais de savoir comment gagner toujours plus de temps, et ce n'est pas d'être libre, mais de savoir comment se libérer toujours davantage: en un mot, ce n'est pas la fin, mais la performance de leurs moyens.

Continua...

Fonte: "Les hommes de l'eternel" - Conférences au grand public (1940-1985) établies et présentes par Françoise Chauvin - Mame, Paris, 2012

sexta-feira, 24 de agosto de 2012

"Diagnósticos de fisiología social" - Introducción


Los diversos ensayos que componen esta obra han sido redactados entre 1934 e 1939. Fueran publicados por primeira vez en un volumen en abril de 1940. Algunas alusiones al nacionalsocialismo tuvieron que ser suprimidas en las ediciones aparecidas bajo la ocupación. Aquí reproducimos la edición original.

Después de tantos acontecimientos que han agravado aún más la confusión de los términos y de los valores, no nos parecen inútiles algunas palavras de explicación concernientes a textos ya antiguos.

No negamos que este libro tiene significación política, en el sentido etimológico de la palabra. Pero por la universalidad y la perennidad de los problemas que aborda, se sitúa netamente fuera de las fluctuaciones de la actualidad política. La mayor parte de las etiquetas políticas no son, por desgracia, otra cosa que eso: etiquetas; o sea fórmulas tan superficiales como fácilmente intercambiables. Más que la etiqueta, lo que nos interesa es el contenido real del frasco. Atribuímos poca importancia a las fórmulas políticas en cuanto temas de propaganda o de polémica; lo que cuenta para nosotros es su grado de encarnación en las costumbres, la forma en que afectan establemente a la sustancia del hombre y a la estructura profunda de las comunidades.

Se nos ha acusado de ser enemigos irreductibles del régimen democrático y del socialismo. Cremos que una lectura atenta de esta obra permitirá a todos comprender y matizar nuestro verdadero pensamiento. Aquí añadiremos solamente dos precisiones.

Primeiro: No atacamos a la democracia en general (ha habido en el curso de la Historia, y hay todavía en ciertos países, fórmulas democráticas perfectamente válidas), sino a esa pseudodemocracia fundada sobre la ley del número y sobre los juegos de la política y del dinero que, privando el pueblo de suas lazos y apoyos naturales, desemboca necesariamente en el totalitarismo.

Segundo: Cuando hablamos de socialismo no queremos designar ninguna formación política determinada, y nos limitamos a aplicar este vocablo a un estado de espíritu profundo y universal, a un resbalar de las costumbres sociales que afecta, bajo modalidades diferentes, al conjunto del mundo moderno, y que tiende a reabsorber al individuo humano y a las comunidades fundamentales (familia, empresa, profesión, etc.) en un estatismo abstrato donde, en ausencia de todo lazo vital entre los hombres, la libertad no puede ser más que anarquía y el orden no puede ser más que tiranía. Tambiém aquí es la repulsa del totalitarismo lo que determina nuestra actitud. Quizá no es simplemente un azar el que Hitler bautizase su doctrina con el nombre de nacionalsocialismo, y el que M. Pierre Laval gritase, al mismo tiempo que deseaba la victoria de Alemania: ``Europa será socialista. . .''

No se trata, claro está, de equiparar a Hitler y a los socialistas de todos os países. No ignoramos que los socialistas cuentan en sus filas con muchos hombres profundamente respetuosos de los verdaderos valores sociales, y a éstos precisamente es a los que quisiéramos poner en guardia contra los peligros de la hipertrofia estatal. Cuando Luis XIV decía: ``El Estado soy yo'', expresaba un absolutismo muy limitado. Ser dueño del Estado no significaba entonces ser dueño de todo. Una infinidad de organismos (familiares, locales, judiciales, religiosos, etc.) escapaban al control inmediato del Estado y, por consiguiente, al del ``tirano''. Ya no es lo mismo hoy día, cuando el Estado tiende a identificarse con la nación misma. Todo estará en manos del Estado, proclaman ciertos emancipadores del pueblo. Muy bien. Pero el Estado mismo, ?`entre las manos de quién estará? ?`Del pueblo? Sabemos muy bien que eso no es posible; estará en manos de aventureros que hablarán en nombre del pueblo y cuyo poder, multiplicado por la centralización, sobrepasará al de los peores tiranos de otros tiempos. Un Hitler acaba de darnos la medida de lo que puede ser semejante tiranía.

* * *

Sin embargo, nuestro horror de los totalitarismos no nos convierte en partidarios de un liberalismo sin freno ni contrapeso. Muchos de los lectores y críticos de DIAGNÓSTICOS nos han alistado espontáneamente entre los espíritus ``de derechas''. Aceptamos de buen grado la etiqueta, pero a condición de que se nos permita precisar el contenido del frasco. En 1942 publicamos sobre el problema de las relaciones entre las derechas y las izquierdas algunas páginas que resumen bien nuestra posición personal y que reproducimos aquí exactamente:

``?`Es usted de derechas o de izquierdas?, me han preguntado muchas vezes. Ante todo, contesto yo inmediatamente a mi interlocutor: ?`qué entiende usted por izquierdas y por derechas? Las respuestas que obtengo me confirman en la opinión de que esas nociones de derechas y de izquierdas, en la mente de la mayor parte de los mortales, van envueltas en una inverosímil niebla de prejuicios y de ilusiones.''

``Personalmente, recuerdo haber sido calificado en el mismo día de odioso reaccionario, porque afirmaba que no hallaríamos la salvación más que en la creación de una nueva aristocracia, y de espantoso socialista, porque admitía ciertas dudas sobre la legitimidad de la propiedad puramente capitalista.''

``En mi opinión, dos grandes fuentes de error contribuyen, en este dominio, a confundir y descaminar los espíritus.''

``La primera consiste en enfrentarse con ciertos problemas sociales que tienen un contenido eterno, no ya, como convendría, en función de las leyes esenciales de la naturaleza humana, sino únicamente desde el puento de vista de ese accidente monstruoso---y relativamente reciente---que es el dominio absoluto del dinero. Esto es una mina inagotable de equívocos. Por una parte, muchos hombres de derechas, pontífices o aprovechadores del capitalismo, se imaginan que ellos encarnan los valores de orden y de estabilidad; por otra parte, muchos hombres de izquierdas, disimulando sus instintos de subversión bajo el velo de un ideal de justicia y de progreso, se gozan en destruir, a través del falso orden burgués y la tiranía del dinero, las nociones eternas de autoridad y de jerarquía.''

``Si afirmamos la necesidad de una sana aristocracia dirigente, independiente de los cambios y caprichos de las masas, se nos trata inmediatamente de enemigos del pueblo, se une nuestra causa a la de los poderes financieros o de los burgueses ociosos y degenerados. Se olvida una cosa: que la aristocracia de que nosotros hablamos tiene tan poca relación con la pseudoaristocracia de amos y aprovechados de la hora presente, que sería preciso crearla casi por entero.''

``Reprochamos a ciertas ideologías de derechas el no tener otro objetivo que salvar, so capa de oponerse a la anarquía, ciertas ventajas exclusivamente materiales y financieras. Pero experimentamos igual repulsión por otras ideologías de izquierdas que se proponen únicamente reclamar para todos los hombres las mismas sórdidas ventajas. En ambos casos, la primacía absoluta de la materia, del dinero---raíz fatal de injusticia, de desmoralización y de conflictos---, permance incólume.''

``Nuestras ambiciones son más profundas. Nosotros queremos una refundición medular de la sociedad que, en todos los grados de la escala social, asegure a los hombres una amplia independencia respecto al dinero. En otros términos, queremos que los valores vitales y espirituales sustituyan a los valores financieros como medida del esfuerzo de un hombre y de su lugar en la jerarquía. Somos tan poco burgueses, en el sentido envilecido de esta palabra, que, lejos de querer aburguesar al pueblo (Péguy había denunciado ya esta tara de ciertos socialismos), querríamos desburguesar al burgués mismo.''

``Si el socialismo consiste en frenar los excesos del capitalismo liberal en provecho de las comunidades y de las jerarquías naturales, nosotros somos socialistas. Pero si consiste en destruir el capitalismo liberal en provecho de un capitalismo de Estado aún más ajeno a las necesidades profundas del hombre, entonces ya no somos socialistas. Si se trata de reabsorber el proletariado permitiendo a cada uno que represente un papel orgánico en sua sociedad organizada y que desarrolle su personalidad en su trabajo, estamos de acuerdo. Pero si se trata de reemplazar la inseguridad de los proletarios por la seguridad muerta de una polvareda de funcionarios sin ambiente humano, sin lazos vivos con su tarea, más desarraigados y más irresponsables todavía que los burgueses egoístas, todo lo que sabemos sobre el hombre, todo lo que amamos en el hombre se subleva contra esta forma de ``progreso''.

``El capitalismo es como una mesa donde se sirven alimentos adulterados a un pequeño número de hombres. Desgraciadamente, hay demasiados revolucionarios que no tienen otra ambición que la de multiplicar hasta el infinito el número de los invitados a este festín impuro. Por nuestra parte, nosotros queremos derribar la mesa a fin de servir a los hombres un alimento más humano.''

``El segundo error consiste en establecer una oposición absoluta entre la derecha y la izquierda, siendo así que estas dos nociones, en la medida en que corresponden a un objeto real, se interpenetran y se completan en la unidad de la vida.''

``Es un absurdo abuso este de pegar sobre cada frente pensante una etiqueta inamovible de hombre de derechas o de hombre de izquierdas. En realidad, un auténtico guía de la humanidad no es nunca de derechas ni de izquierdas de modo absoluto y definitivo: es de derechas o de izquierdas según los tiempos, los lugares, las circunstancias y las diversas realidades que maneja.''

``Bossuet, por ejemplo, ?`es de derechas cuando proclama el derecho divino de los reyes? O bien, ?`es de izquierdas cuando denuncia el egoísmo asesino de los ricos? ?`Es ser de izquierdas el tomar partido por el auténtico pueblo que sufre y que lucha? O bien, ?`es ser de derechas el oponerse al populacho (que, por cierto, no está forzosamente compuesto sólo de pobres), ávido de destruir y de dominar?''

``En último análisis, estas nociones de izquierdas y de derechas tienen sólo una importancia relativa. Lo esencial es realizar una sintesis viable de los diversos elementos (libertad y autoridad, igualdad y jerarquía, etc.) englobados en las dos ideologías opuestas. Todo educador digno de este nombre se siente duro frente a un niño mimado y tierno frente a un niño maltratado. Y es el mismo amor del niño el que dicta estas dos actitudes en apariencia contradictorias. Un bueno carretero empuja al carro cuando sube y lo frena cuando desciende, y ambas acciones testimonian el mismo cuidado de la buena marcha del tiro. Lo mismo sucede con las izquierdas y las derechas. Allí donde el armazón social amenaza derrumbarse hacia la derecha, nosotros nos inclinamos hacia la izquierda para procurar restablecer el equilibrio; allí donde amenaza derrumbarse hacia la izquierda, nosotros nos inclinamos hacia la derecha. Y a los que nos acusen de relatividad y de oportunismo y nos reprochen no tomar netamente partido por tal o cual movimiento de derecha o de izquierda, le responderemos que hemos tomado partido desde un principio por el centro de gravedad del edificio.''

* * *

No añadiremos a estas líneas más que una última precisión. Todo el mundo está hoy día de acuerdo en denunciar el fracaso del capitalismo liberal. El anticapitalismo se ha convertido en lema común a la mayoria de los partidos, desde la extrema derecha, que se complace en recordar las palabras del Conde de Chambord sobre ``la fortuna anónima y vagabunda'', hasta la extrema izquierda, que estigmatiza estrepitosamente ``la dictadura de los trusts''. Evitemos, sin embargo, dejarnos hipnotizar por un objetivo puramente negativo. Hay un deber aún más importante que el de luchar contra el capitalismo: el deber de suscitar los organismos básicos, los cuadros y las élites capaces de reconstruir un mundo viable a través del hundimiento del capitalismo. ?`Podemos afirmar que tales elementos existen hoy en dia? En muchos casos, ?`no es la organización capitalista la última estructura social, artificial y malsana sin duda, pero más allá de la cual no queda más que un arenal de individuos sueltos? Y si esta estructura se rompiese súbitamente, ?`cómo evitaríamos, en primer lugar, el caos y en seguida la opresión totalitaria? De aquí la urgencia de establecer con toda rapidez los organismos profesionales y locales, las comunidades vivas que nos eviten pasar de la tirania del financeiro a la del burócrata, del reinado de la caja fuerte al de la circular. No basta demoler, es preciso también construir; o, más bien, es preciso demoler construyendo. Lo ideal sería que el capitalismo fuese, no destruído por una revolución que no dejase tras de sí más que ruinas, sino corregido y reemplazado gradualmente por el desarrollo de auténticas comunidades humanas. Debemos luchar contra el capitalismo de modo semejante a como la segunda dentición de los niños lucha contra la primeira: cada diente que cae es reemplazado por otro diente más sólido y mejor adaptado a las necesidades del ser humano.

* * *

La degeneración de las tradiciones, de las costumbres y de los caracteres; la instabilidad familiar y profesional; la limitación de la natalidad; la lucha de clases y de partidos, y todos los otros males diagnosticados en este libro, hacen aparecer ante nuestros ojos con angustiosa evidencia la terrible pérdida de sustancia que afecta a nuestro país. Hay demasiados franceses que, absortos en la fórmulas políticas más abstractas, arbitrariamente revestidos de un poder mágico, discuten para decidir si la casa se pintará de blanco, de verde o de rojo; lo malo es que olvidan que los cimientos amenazan ruina. No se trata de enlucier, sino de reconstruir. Se trata de re-crear humildemente, pacientemente y empezando por la base, una estructura orgánica de la ciudad en que el hombre, íntimamente ligado a su tarea y a sus semejantes, pueda vivir y trabajar de acuerdo con las exigencias profundas de su naturaleza, y donde el mínimum de violencia legal inherente a toda sociedad sea la defensa y no la tumba de la liberdad. Tal objetivo deberia bastar a unir los esfuerzos de todos los hombres de buen sentido y de buena voluntad. Por nuestra parte, jamás hemos tenido otra ambición que aclarar un poco el camino que lleva a este fin.

Aroue, 24 de noviembre de 1944.